Tras 70 años a cuestas con esta historia, creo que ya se ha convertido en merecedora de una merecida confesión, y es por eso que decido cederle la palabra al resentimiento del amor, al recelo, a la añoranza, a un constante engaño, a un dolor crónico, es decir, a nosotros.
Aún recuerdo el ardiente caer de las gotas de agua deslizandose bruscamente por mi rostro cuando todavía era seda. Eran chispas tristes y luminosas que no quisieron nacer y sin embargo cada día pintaban más y más grandes, se hallaban incentivadas por la rabia, ardían demasiado, demasiado como para seguir pero lo necesitaba, urgía eliminar todos los restos de ti que llevaba por dentro, y ahora lo confieso con la mano en el corazón que por momentos, quizás deseé no haberte conocido.
No se trata de ningún asunto criminal ni del destapujo de cualquier inocente. Esta es una historia protagonizada por la pura cólera que entro en llamas en el momento que un impredecible destino decidio separar los corazones de dos apasionados adolescentes, una operación a corazón abierto sin anestesia local ni general, produciendose así una hemorragia terminal, la sangre que no se ve pero que si se siente, esa la del desamor.
Contaban cada uno con 15 y 17 años, cuando la vida es plena, ardiente de deseos, de impulsos, cuando los sueños están hechos de sueños. Justo en el instante en el que la pasión come sus labios y la juventud se precipita por la longitud de sus cuerpos, cuando la pureza de tan bella inocencia todavía es eso, inocente.
Dejemos que el sol siga perteneciendo a aquellos hermosos amaneceres y la luna a las plácidas tinieblas. Que no se toquen, que no se miren, que no se hablen, simplemente dejaremos que se asomen en un leve crepúsculo, el que pinte decadente al atardecer. Pero que no se olviden el uno del otro ni el otro del uno, porque no soportan esta vida sin ese sentimiento tan mutuo, tan puro.
Que no se junten, que no se toquen, que no se mezclen.
Ay predilecto! Mucho nos enamoramos, de verdad que lo sé. Pero sé capaz de sentir que se han desligado las entretelas del corazón en las que habitaba el olvido de todo mundo y donde sólo existimos nosotros, el sol y la luna o la luna y el sol, al fin y al cabo eran sólo uno.
Se apagan las luces, y de repente, se extinguen las llamas sin yo saber porque, vuelven las tinieblas y otra vez sin querer saberlo, arrojan toneladas de olvido para aproximar esta distancia y ahora que? Que será de mi? Qué será de ti? Qué será de nosotros? Dónde está el crepúsculo ahora? Han quedado solo las cenizas, en forma de polvo, desalientado a los sentimientos, carcomiendo a los pedazos que pudieran quedar de un eclipse que ya pertenece a un simple pasado.
Y sé que es por mi culpa que me carcomen los recuerdos, pude ser tuya, pudiste ser mío...
Ahora y en este instante, me duele pensar en todo aquello que confesaste, mentías?
Quiero saber porque te has rendido tan fácil si me prometiste que me amabas,
Me fui y apenas gritaste, no te vi luchar, sólo supiste permanecer sentado y sereno,como un crepúsculo decadente que no sabe de eclipses ni de lunas que aman los amaneceres, como un crepúsculo decadente que se termina cuando se apagan las luces sin la esperanza de un nuevo amanecer.
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